En este rincón virgen de la Patagonia, bosque siempreverde, agua y montañas crean un ciclo vital que alberga alerces milenarios, coihues y líquenes, junto a pudúes, pumas, monitos del monte y patos quetru. Su aislamiento geográfico —el lago Tagua Tagua en la parte baja y cumbres graníticas en su parte alta— lo ha mantenido libre de intervención humana. Las fuerzas naturales (viento, lluvias, cascadas y antiguos glaciares) han esculpido un paisaje de arte milenario, convirtiéndolo en un santuario de biodiversidad prístina.