Protege bosques caducifolios de lenga y ñirre, estepas y humedales, junto a especies como el puma, el gato de Geoffroy y el ñandú. También resguarda parte de la cultura estanciera que define a la Patagonia rural, integrando el paisaje productivo histórico con la conservación activa. Abierta al público bajo un esquema de bajo impacto, contribuye a que el turismo en Torres del Paine no sea una amenaza sino una herramienta de protección y desarrollo local.