El santuario protege humedales de gran biodiversidad, sistemas dunares bien conservados, la desembocadura de los ríos Petorca y La Ligua, y una rica historia arqueológica vinculada a la cultura Bato. La zona alberga a más de 150 especies de aves, muchas de ellas migratorias, convirtiéndola en un sitio clave para la conservación a nivel nacional e internacional. Su historia de resistencia comenzó en 2013, hoy la Fundación Longotoma lo gestiona bajo un modelo de conservación regenerativa con zonas diferenciadas.